Reflexión del Domingo – 10 de Enero

January 11th, 2010

UNA MISIÓN DE MISERICORDIA Y RECONCILIACIÓN

La celebración de hoy—el bautismo de Nuestro Señor—pertenece, como confirmación y complemento, a la fiesta de la Epifanía. Trata del mismo tema: Jesús que viene como Luz y Salvador de todos los pueblos. Jesús que viene como evangelizador universal.

Es por eso que en esta lectura el profeta anuncia la misión de Jesús como luz para los ciegos, como liberador para los pobres y oprimidos, y hacedor de justicia, como humilde servidor de todos los pueblos.

En la segunda lectura, San Pablo aborda la misma idea planteada en la lectura anterior: Jesús, lleno de Espíritu de Dios, va sanando a los oprimidos y haciendo buenas obras.

Trae paz y reconciliación para todos, sin distinción entre judíos y gentiles.

Y en verdad, este es el mensaje de Epifanía en su esencia.

El Evangelio es el relato del bautismo de Jesús en el Jordán.

Jesús, como Hijo de Dios, no necesita bautizarse, pero busca el bautismo por solidaridad con sus hermanos los hombres, y para subrayar la importancia del bautismo en nuestras vidas.

El bautismo de Jesús es el punto de partida para su misión. Simbólicamente el Espíritu Santo desciende sobre él para enviarlo y guiarlo en sus trabajos por el Reino de Dios.

De la misma manera, nuestro propio bautismo es el punto de partida de nuestra misión cristiana . Por el bautismo nos hacemos realmente hijos de Dios, y por lo tanto participantes del apostolado de Jesús. Fuimos hechos apóstoles, evangelizadores, en el mismo momento en que fuimos hechos cristianos. Lo cual significa que no somos católicos para nosotros, sino por el bien de los demás.

Así como Jesús fue haciendo buenas obras, del mismo modo nosotros debemos hacer lo más posible para sembrar bondad, justicia, y respeto mutuo entre nuestros familiares y amistades. Y, como Jesús, debemos preocuparnos por los pobres y sufrientes, compartiendo y haciendo de sus problemas los nuestros.